Humberto Ramírez

       

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  •              Humberto Ramírez, Guadalajara, México, 1982. Su búsqueda mas reciente en el dibujo, y que es de donde parte para sus procesos en la escultura, instalación o pintura, se ha construido a partir de la generación de imágenes saturadas de objetos, coyunturas de ideas y polivalencias. Cada dibujo es un relato independiente y al mismo tiempo un fragmento de uno mayor. Cada relato, o conjunto de ellos, intenta describir o reflexionar sobre temas sugeridos en distintas realidades.

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No es la noche lo que llena de sombra nuestros ojos


2024  
Museo Raúl Anguiano (MURA), Guadalajara


Animal de nubes quietas, 2024, colas de caballo, troncos, cordones, tela, 170 x 70 x 50 cm.
La noche enciende los ojos de la bestia, 2024, óleo sobre tela, 180 x 120 cm.




La noche y su silencio ante la sangre, 2024, óleo sobre tela, 180 x 120 cm.



            No es la noche la que llena de sombra nuestros ojos
            Cecilia Álvarez-Tabío

En Teogonía, Hesíodo relata el nacimiento de la noche: primeramente fue Abismo; y después, Gea, de amplio seno. De Abismo, surgieron Érebo y la negra Nyx; y de Nyx, nacieron Éter y Hemera. Al leer a Hesíodo, redescubrimos a la noche como una mezcla tremens fascinans (terrible pero fascinante). Un espacio límite que seduce por su aparente incertidumbre, pero también por su capacidad de gestación y luminosidad. 
        La Noche parece haber logrado su cometido. Podríamos pensar, además, que de manera directa o indirecta, compartimos su mismo origen. Abandonamos la siempre naturaleza y engendramos en y del mundo sus posibilidades de sentido y significación.  
        Sin embargo, hemos ordenado un mundo donde la visión humana ha sido históricamente exaltada como la forma dominante de percepción. Desde una supuesta superioridad, nuestra relación con el entorno natural y las demás especies ha sido relegada a un segundo plano. Humberto Ramírez busca repensar la posibilidad de crear vínculos con los otros y el entorno que nos rodea. La noche, como metáfora de finitud y límite, posibilita el ejercicio de reconfiguración de la existencia y de la condición humana. 
         Entendernos como seres finitos y limitados, nos permite repensar nuestra conexión con el mundo no humano, develar la complejidad de un entorno que supera nuestra limitada perspectiva antropocéntrica. Entendernos finitos y limitados, nos permite desarrollar nuestra capacidad de análisis, crítica y reflexión sobre nuestro ser, saber y hacer en el mundo. No es la noche, entendida como escenario macabro e inhóspito, lo que llena de sombra nuestro ojos, sino nuestro efecto en cada acontecimiento de su tiempo histórico en el mundo individual y  comunitario. 


Tu cuerpo sin cuerpo, 2024, cuchillos, vasija, 35 x 18 x 15 cm.
La noche sueña con filetes, 2024, óleo sobre tela, 30 x 35 cm.



            Primera metáfora: el ríoTodo lo que tiene vida comparte la cualidad de fluvial; la vida comienza en la orilla de los ríos. Sociedades enteras han nacido, crecido y desaparecido en su memoria, pues no están hechos del rígido metal con que se construyen los viejos célebres, sino de sedimento, vulnerable y moldeable. Un ser que resguarda biografías. Antes de este río no eramos nada. Como un susurro encontramos reflejo entre sus aguas. 

La noche tritura troncos amargos, 2024, óleo sobre tela, 30 x 35 cm.



            Segunda metáfora: la noche Cuando la noche se habitó de truenos y de tinieblas, el más cruel entre los crueles se vistió de agravios y de traiciones. Cuando la noche se hizo refugio de rencores, el más cruel entre los crueles se embriagó de arrogancia y de ufanía: corrompió los valles, amontonó cenizas, cicatrizó heridas. Quiso enmendar todos sus crímenes, eliminar cualquier rastro de crueldad que pudiera delatarlo, pero cometió un error fatal: olvidó olvidarse de sí mismo. En su afán por destruir todas las huellas de su crueldad, pasó por alto que él mismo era la fuente y el recordatorio constante de sus actos. La cualidad de la compasión no se fuerza. El más cruel entre los crueles no es un ser de sombras, sino aquellos que olvidamos nuestra humanidad en la vorágine de indiferencia de la propia maldad. 

La noche cocinada en zumbidos, 2024, óleo sobre tela, 30 x 35 cm.



            Tercera metáfora: el cuerpoY, en un principio: la separación; desgarramiento. Como si un tejido fino y delicado hubiera sido rasgado por manos invisibles. La armonía devino en caos, la simplicidad en complejidad y el mundo natural, que antes fluía se vio abruptamente dividido. En su lugar, voluntad y representación que impulsa la existencia, e irracionalidad destructiva que el progreso y la civilización consiguen atenuar pero nunca erradicar del todo; pérdida y anhelo. En cada avance, en cada conquista del conocimiento y la técnica, persiste una sombra de lo perdido, el eco de la ruptura original. 

La noche está hecha de crujidos, 2024
Óleo sobre tela, 120 x 100 cm.
La noche, tenebrosa ingeniería, 2024
Óleo sobre tela, 120 x 100 cm.
          
            Cuarta metáfora: la metáfora
Una metáfora es simplemente una forma de leer. No posee nunca un significado absoluto, ni puede convertirse en un hecho de la ciencia. Sin embargo, en los actos de la inteligencia abstracta siempre reside una pasión moderada que desciende como la lluvia suave. Imagínese ordenando laberintos, consolando al monstruo indiferente, recogiendo el hilo ya encrespado y, por un instante, ocupando el trono del rey inerte. 

            Cecilia Álvarez-Tabío 



Forasteros I, II, III, IV, V, VI, 2024, tela, hilo, madera, plástico, 40 x 18 x 10 cm.
La noche carga cuerpos transformados, 2024, óleo sobre tela, 120 x 100 cm.


No hay prestigio en los arroyos, 2023
Óleo sobre tela, 120 x 100 cm.

No existen más los ojos que vieron pasar el río, 2024
Óleo sobre tela, 120 x 100 cm.

La roca soltando sus ríos secretos, 2024, cuchillo, roca, 20 x 12 x 10 cm.